El aumento del número de personas en el mundo que sufre sobrepeso u obesidad y diabetes tipo 2 no se puede atribuir de forma exclusiva a motivos genéticos. Hay otras causas, como los cambios en la alimentación y los nuevos estilos de vida.

Dietas consideradas saludables, como nuestra dieta mediterránea, han sido sustituidas por comida rápida, platos precocinados y bollería industrial. Todas estas comidas tienen un alto contenido en grasas y azúcares que aportan un exceso de calorías que no se consumen, sacian menos y contribuyen a aumentar el peso y la grasa corporal.

Por otro lado, el estilo de vida actual también contribuye a aumentar nuestro peso. Cada vez utilizamos más el transporte público y caminamos menos, pasamos nuestro tiempo de ocio frente al televisor o la consola de videojuegos…

En definitiva, cada vez somos más sedentarios y hacemos menos ejercicio que ayude a quemar las calorías que consumimos en exceso, con lo que, de forma inevitable, vamos acumulando grasa en nuestro cuerpo y poniendo en riesgo nuestra salud.

Un esfuerzo saludable

Por supuesto, perder peso nos ayudará a vernos mejor, pero éste no debe ser el único motivo para decidir perder unos kilos. Al margen de los beneficios estéticos, reducir peso contribuye a sentirse mejor física y mentalmente. Pero, sobre todo, reporta un gran beneficio para nuestra salud al contribuir a disminuir el riesgo de sufrir otras enfermedades asociadas al sobrepeso y la obesidad. Estudios clínicos demuestran que la pérdida del 5 al 10% del peso corporal contribuye a reducir la presión arterial, el riesgo cardiovascular, y por supuesto, la posibilidad de padecer diabetes tipo 2.